Las III Jornadas FISAT sobre la emancipación de la juventud en el sistema de protección contó con la participación de los verdaderos protagonistas de la historia. 5 jóvenes que están en el proceso de emancipación o ya han alcanzado la autonomía. Fabio, Ainoha, Valentina, Yassin y Faisal reflexionaron sobre el derecho a estar acompañados y acompañadas en este proceso.
Por: FISAT
Los momentos más intensos de la jornada se vivieron en la Mesa de protagonistas. Reunidos en un salón efímero, de cartón y papel, que emula la precariedad de la vivienda, Fabio, Ainhoa, Valentina, Yassin y Faisal fueron las voces que representaron a la juventud emancipada o en proceso que ha estado bajo la tutela de la Administración. Con realidades y experiencias de vida diferentes, pero todas y todos atravesados por la circunstancia de verse obligados a emprender el camino hacia la vida adulta demasiado pronto.
Cumplir 18 años se vive con ansiedad y mucha preocupación cuando estás en el sistema de protección. Lo relataba Valentina, que actualmente reside en un hogar de emancipación de la Fundación FISAT en Valencia. “Desde los 16 años vivía con angustia la llegada de ese momento”. Valentina está estudiando y se siente una persona privilegiada. Para ella el piso “es una segunda oportunidad para seguir estando acompañada”.
Valentina: “Es triste decir que es un privilegio. Porque al final tendríamos que estar acompañados, no tendríamos que estar en esta situación”.
Todos coinciden en vivir desde el agradecimiento el estar o haber estado en un hogar de emancipación. Repiten como Valentina la palabra privilegio, segunda oportunidad. Son conscientes de que muchos otros jóvenes no la han tenido. Pero una segunda intervención de Valentina vuelve a poner el foco en la responsabilidad colectiva: “Es triste decir que es un privilegio. Porque al final tendríamos que estar acompañados, no tendríamos que estar en esta situación”.
Yassin lo remarca: “Tiene que ser un derecho. Son cosas muy básicas, pero en el lugar en el que vivimos parece un privilegio”.
El piso de emancipación les ha ayudado a seguir creciendo. “Aprendes a vivir solo, a hacer cosas por ti mismo, a vivir con gente diferente, de países y de ideología distinta. Y eso te aporta mucho”, continúa Yassin, que actualmente vive en Burriana en el Piso Buzzetti.
“Para mí ha sido un gran apoyo y ha sido un avance personal. He aprendido mucho”, señala Ainhoa, que ya ha logrado emanciparse tras su paso por el hogar de emancipación Piso Maín de FISAT, en Valencia.
Faisal: “Emanciparse debe ser un paso firme hacia adelante no un paso al vacío”
A lo largo de la conversación los jóvenes confirman las necesidades que tienen y que antes revelaba la mesa de profesionales:
Faisal, que ha sido participante del Piso Inma Bernal de Cartagena, para personas solicitantes de protección Internacional, pone el acento en la integración y en concreto en la inserción laboral. “Es necesaria una mayor conexión real con el empleo. Establecer convenios con empresas”.
Y enumera otras medidas que mejorarían los procesos de emancipación como facilitar la vivienda digna. Apoyo emocional y ayuda económica para empezar. “Emanciparse debe ser un paso firme hacia adelante no un paso al vacío”, sentencia.
¿Con qué sueñan?
Yassin: «Sueño con un piso propio, trabajo estable y una familia cercana que me quiera”
Sobre todo sueñan con su espacio y un trabajo que les permita seguir haciendo planes de vida.
“Sueño con tener mi propia vivienda. Trabajar en algo que me guste. Y que lo que tenga sea fruto de mi esfuerzo y el paso por el piso de emancipación”, cuenta Fabio. “Lo mismo”, dice Ainhoa. “Una vivienda con mi propio espacio donde pueda juntarme con mis amigas y ser feliz”. Para Yassin “ Un piso propio, trabajo estable y una familia cercana que me quiera”.
Valentina confiesa que no lo sabe. Con su duda también reivindica tener la oportunidad y el tiempo de no saber todavía qué es lo que quiere.
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